El Mallu

Sidreria y Restaurante.

sábado, 6 de abril de 2013

El campo para seguir creciendo


Lo reza el dicho y lo cumple Ernesto:’no hay dos sin tres’. Al tapeo del Mallu y el buen comer del Otro Mallu suma este tercer Mallu rural y parrillero con terraza, estacas y asados de leña

Como ayer llegó la primavera, o ya ha venido sin que nadie sepa cómo ha sido, que decían nuestros abuelos durante marzo ventoso y abril lluvioso que harán a mayo florido y hermoso, confiamos en el normal incremento y sucesión de las mañanas soleadas y las tardes cálidas. 


Ellas irán abriendo, y desde ya mismo, las puertas a uno de los rituales estacionales más arraigados en el deseo y la memoria de los asturianos, el de la terraza, el merendero verde y el discurrir de las sobremesas con la compañía próxima de hórreos, vacas, huertas y balagares. 

El Infanzón proporciona multiplicados tales requisitos visuales y gastronómicos, y bajo una ligera sombrilla o techo firme, este Mallu campestre de corredor y corrada, justo en el arranque de la carretera a Peon, hermano pequeño de las sidrerías gijonesas el Mallu y el Otru Mallu por obra, gracia e inquietud de Ernesto Álvarez, permite mañosamente disfrutarlos. 

Para hacer bastante más que boca dispone de parrillero especializado en carnes, según dicta la siempre aromática brasa de leña, capaz de componer unas bandejas anticuaresmales propias de corte medieval, con su chuletón de buey, su chuletón de ternera, su solomillo de cerdo y su pollo; además los domingos, desde muy temprano y hasta muy tarde, mantiene constante la llama que lentamente asa, dora y churrusca los muchos corderos y gochos a la espalda que una clientela adicta y creciente solicita. 

Y si bien el pecado de la carne impera, y los cachopos o los solomillos con cabrales se suceden, Miriam se encarga de que en el chigre y el comedor haya bacalao a la brasa, pixín amariscado, merluza, pescadinos de roca a las variadas formas, calamares frescos, potes humeantes y una lista de tapas y consumiciones que ya acarrearon premios y reconocimientos a sus hermanas urbanas. Ernesto, cuya capacidad de trabajo –ahora multiplicada por tres– asombra y admira, es quien proyecta, compra, gobierna y gerencia. Aún rapaz, que no llegó a cuarentón, pertenece a los patronos hechos así mismo con tesón, ahorro, riesgo y madrugones, algo bastante frecuente en la hostelería regional que va nadando contracorriente de la crisis. 


«Nací en Besuyo, el pueblo de Cangas del Narcea que tiene por hijo ilustre a Casona. Mi familia se dedicaba al campo y al ganado. Aunque éramos ocho hermanos, querían que estudiase. Preferí el trabajo: a los dieciséis años ya estaba en un chigre gijonés. Y tras bastantes años de horarios y sacrificios interminables, ayudado por mi esposa y mi suegra, abrimos nuestra sidrería primera, ‘El Mallu’, en la calle de Pola de Siero. Nos centramos en tapas y raciones económicas. 

El éxito acompañó, y pocos años después abríamos ‘El Otru Mallu’, segunda parte orientada a una cocina de mayor enjundia que obtuvo rápidamente el favor del público. Y este ‘no hay dos sin tres’ se debe al sitio, al aire libre, a la terraza y a los asados, aparte de funcionar todo el año como punto de encuentro para los muchos vecinos de la comarca». 

La tradición, pues, se mantiene, que la casería ocupada por el Mallu del Infanzón fue durante décadas el principal bar tienda de la parroquia.
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El ‘hat trick’ del Mallu

Aunque no tiene cien cañones por banda, el Mallu parece ir a toda vela. O más bien ‘los Mallos’, porque ya son tres. El Mallu del Infanzón es la nueva apuesta de Ernesto Álvarez Rubio (Cangas del Narcea, 1975), afanado hostelero que llegó a Gijón con 15 años para trabajar de camarero. Hoy, con 21 años de sacrificio y trabajo a sus espaldas, hace balance de toda una vida detrás de la barra: «Me ha ido bien, no lo niego, pero no todo es el dinero, hay muchísimas horas y muchísimo trabajo en todo lo que he conseguido». Él, como los mejores goleadores, ha logrado un ‘hat trick’.

¿Su secreto? «Tener una clientela fiel es importante, pero tú también tienes que responder. No es dar nada especial, sino que cuando lleguen a la sidrería tengan todo lo que ellos quieren a un precio acorde con la calidad que están consumiendo». Eso y trabajo. Mucho trabajo. «Mi mujer está en contra de que siga porque soy el primero que está delante. Me da lo mismo fregar que barrer que lo que sea», asegura. Y es que el jefe «tiene que ser el que más trabaja». Para dar ejemplo y crear espíritu de equipo. Sólo de esta forma se puede dirigir a un grupo de 31 camareros en tres sidrerías diferentes.

Ernesto Álvarez empezó a trabajar en la bodega La Torrica siendo todavía un niño. Nueve años después, junto a su mujer y su suegra, decidió dar un salto cualitativo en su vida: abrir su propio negocio. Y no fue una decisión fácil. Pese a su corta edad, contaba con una dilatada experiencia en el mundo de la hostelería: «Cuando estaba de camarero trabajaba como si fuera mi negocio, tenía toda la responsabilidad. Hacía pedidos, hacía casi todo lo que sigo haciendo ahora en los que llevo por mi cuenta. Lo abría y lo cerraba… Mañana, tarde o noche, siempre estaba ahí, para lo que hiciera falta».

«Un no parar»
Con este precedente, abrir El Mallu fue casi un mero trámite. «Cuando empecé con la sidrería le dije a un cliente: ‘Nada, eso lo abrimos mi suegra, mi mujer y yo, y con otro camarero ya nos vale’. Pero ya la primera semana tuve que meter tres chicos más a trabajar conmigo, era un no parar», recuerda. Haciendo bueno el dicho de que el cliente es fiel y sabe apreciar el buen trato, muchos de los que le conocían empezaron a parar también en El Mallu.
La constancia del trabajo bien hecho hizo que, cuatro años más tarde, en 2005, Ernesto Álvarez decidiera dar un paso de gigante, rumbo a una aventura a la que consagraría su vida: El Otru Mallu. No muy lejos de sus primeras experiencias hosteleras, su segunda sidrería fue el intento de «asentarse definitivamente» en un sector complicado y con mucho movimiento.

Hoy en día, en plena crisis económica, este cangués de 36 años sabe lo que es sobrevivir en momentos complicados para el sector. «Tienes que trabajar como un bestia el fin de semana para poder mantener a toda la plantilla durante la semana, que es muchísimo más floja. Viernes, sábado y domingo sabes lo que toca: más horas y más trabajo», explica.

Su nueva aventura, la sidrería merendero en El Infanzón, como él mismo reconoce, «es un reto». «Pero la gente está respondiendo, muchos sólo por el nombre ya saben que van a tener la misma calidad que en los otros Mallos», asegura. Además, le gusta que sea «algo diferente». «Si me hubieran ofrecido otra sidrería en Gijón hubiera dicho que no», reconoce. Este camarero hecho a sí mismo, que gusta de esconderse entre sus empleados vistiendo su misma camisa y trabajando como el que más, continuará «otra temporada» a máximo rendimiento para sacar adelante «este nuevo follón».

(http://www.elcomercio.es/v/20120430/gijon/trick-mallu-20120430.html)
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Semana de Tapas! De Domingo a Jueves por 3 €

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El Otru Mallu busca otro podio


El Otru Mallu es una de las sidrerías de moda de Gijón. Por sus amplios locales de la calle Sanz Crespo pasan a diario cientos de personas en busca de los mejores caldos y de esa atención casi personalizada típica de las sidrerías. El Otru Mallu intentará esta año repetir en el podio de Gijón de Sidras, todo lo más que el año pasado se llevó el premio al establecimiento que más litros vendió a lo largo del evento.



“Este año vamos camino de lo mismo”, bromea el propietario de la sidrería, Ernesto Álvarez. “Entiendo que no siempre vamos a ganar nosotros”, añade, jocoso. Sin embargo, el dueño de El Otru Mallu afirma que, entre el buen tiempo de los últimos días y la curiosidad que suscita Gijón de Sidras, el local está de bote en bote.

Para Ernesto Álvarez, el evento sidrero es un rotundo acierto. “Octubre es un mes flojo para las sidrerías y Gijón de Sidra nos permite incrementar muchísimo la clientela. Si otros años a las diez ya no había nadie por semana, ahora no paramos hasta las doce”, dice el propietario de El Otru Mallu, que este año servirá sidra Acebal. En cuanto a la cazuelina, la sidrería del barrio de Laviada ha apostado por uno de sus platos más solicitados: ternera a la sidra.

(http://lavozdeasturias.es/asturias/gijon/Otru-Mallu-busca-podio_0_572942738.html)

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