Lo reza el dicho y lo cumple Ernesto:’no hay dos sin tres’. Al tapeo del Mallu y el buen comer del Otro Mallu suma este tercer Mallu rural y parrillero con terraza, estacas y asados de leña
Como ayer llegó la primavera, o ya ha venido sin que nadie sepa cómo ha sido, que decían nuestros abuelos durante marzo ventoso y abril lluvioso que harán a mayo florido y hermoso, confiamos en el normal incremento y sucesión de las mañanas soleadas y las tardes cálidas.
Ellas irán abriendo, y desde ya mismo, las puertas a uno de los rituales estacionales más arraigados en el deseo y la memoria de los asturianos, el de la terraza, el merendero verde y el discurrir de las sobremesas con la compañía próxima de hórreos, vacas, huertas y balagares.
El Infanzón proporciona multiplicados tales requisitos visuales y gastronómicos, y bajo una ligera sombrilla o techo firme, este Mallu campestre de corredor y corrada, justo en el arranque de la carretera a Peon, hermano pequeño de las sidrerías gijonesas el Mallu y el Otru Mallu por obra, gracia e inquietud de Ernesto Álvarez, permite mañosamente disfrutarlos.
Para hacer bastante más que boca dispone de parrillero especializado en carnes, según dicta la siempre aromática brasa de leña, capaz de componer unas bandejas anticuaresmales propias de corte medieval, con su chuletón de buey, su chuletón de ternera, su solomillo de cerdo y su pollo; además los domingos, desde muy temprano y hasta muy tarde, mantiene constante la llama que lentamente asa, dora y churrusca los muchos corderos y gochos a la espalda que una clientela adicta y creciente solicita.
Y si bien el pecado de la carne impera, y los cachopos o los solomillos con cabrales se suceden, Miriam se encarga de que en el chigre y el comedor haya bacalao a la brasa, pixín amariscado, merluza, pescadinos de roca a las variadas formas, calamares frescos, potes humeantes y una lista de tapas y consumiciones que ya acarrearon premios y reconocimientos a sus hermanas urbanas. Ernesto, cuya capacidad de trabajo –ahora multiplicada por tres– asombra y admira, es quien proyecta, compra, gobierna y gerencia. Aún rapaz, que no llegó a cuarentón, pertenece a los patronos hechos así mismo con tesón, ahorro, riesgo y madrugones, algo bastante frecuente en la hostelería regional que va nadando contracorriente de la crisis.
«Nací en Besuyo, el pueblo de Cangas del Narcea que tiene por hijo ilustre a Casona. Mi familia se dedicaba al campo y al ganado. Aunque éramos ocho hermanos, querían que estudiase. Preferí el trabajo: a los dieciséis años ya estaba en un chigre gijonés. Y tras bastantes años de horarios y sacrificios interminables, ayudado por mi esposa y mi suegra, abrimos nuestra sidrería primera, ‘El Mallu’, en la calle de Pola de Siero. Nos centramos en tapas y raciones económicas.
El éxito acompañó, y pocos años después abríamos ‘El Otru Mallu’, segunda parte orientada a una cocina de mayor enjundia que obtuvo rápidamente el favor del público. Y este ‘no hay dos sin tres’ se debe al sitio, al aire libre, a la terraza y a los asados, aparte de funcionar todo el año como punto de encuentro para los muchos vecinos de la comarca».
La tradición, pues, se mantiene, que la casería ocupada por el Mallu del Infanzón fue durante décadas el principal bar tienda de la parroquia.
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